Bruce Labruce
Desde el renacimiento existe un medio llamado octavilla desde donde se han transmitido las ideas políticas y sociales que no tenían cabida o no interesaban en los medios masivos por sus ideas revolucionarias y cuestionamiento de cualquier orden social establecido. Cuando pienso en Bruce Labruce me vienen a la cabeza aquellos años donde las ideas más undergrounds solo se podían transmitir por medio de aquellas fotocopias en blanco y negro grapadas a modo de revista llamadas fanzine, que a diferencia de las octavillas tenían muchas más páginas.
Los fanzines son un medio de bajo coste, normalmente gratuito o a precio de coste realizado por fans o periodistas amateurs que tienen el interés de difundir y reflexionar sobre disciplinas artísticas o temas sociales y políticos que no tienen difusión en otros medios establecidos.
Los fanzines no están destilados para agradar a primera vista como los productos comerciales, si no diseñados intelectualmente para aportar ideas interesantes sin barreras que marquen limites estéticos ni morales. El problema de no ser retribuido económicamente y la difícil distribución de este medio hace que la mayoría se dejen de hacer a los pocos números y que otros se profesionalizaran encareciendo muchísimo sus costes y haciéndolos dependientes y manipulables por marcas publicitarias que tienen otros intereses más comerciales y menos artísticos. Muchas de las revistas de tendencias y estilo de vida actuales se podrían considerar una evolución de este medio pero sin la libertad de expresión y compromiso que caracterizo a su antecesor, otros en cambio evolucionaron a Ezines o blogs con el mismo concepto adaptado a la red de redes, con el hándicap en muchos casos de quedar sepultado entre multitud de contenidos y sin medios de promoción efectivos.
Conocí a Labruce durante el boom de revistas de tendencias de finales de los 90 que lo presentaban como un icono de la modernidad y como si de un circo freak se tratara, enseñaban sus fotografías y frames de sus films como instrumento escandalizador perfecto para llamar la atención de un púbico ávido de sensaciones nuevas en constante renovación y gobernado por la estética de la moda y no por discursos comprometidos socialmente. Pienso que Bruce Labruce ha sido coherente consigo mismo al profesionalizar la misma forma cruda y transgresora que ya utilizaba en su época de fanzines y crear canales de difusión propios como su galería de arte para poder seguir creando de forma genuina y enseñar su honesta evolución.
Las formas gamberras de sus orígenes punks, y su discurso pornográfico y bizarro como lectura superficial de su obra, quizás lo hayan dejado fuera de los circuitos artísticos convencionales, de momento y puede que el interés de las revistas haya sido tan efímero como la calidad artística y el compromiso social de las mismas, pero a diferencia de otros artistas con una presentación muy políticamente incorrecta y un discurso provocador pero vacío de contenido tipo Terry Richardson, Bruce ha sido un artista coherente con su discurso y abanderado del cine del movimiento Queer que reflexiona sobre la sexualidad y los roles de género como algo establecido socialmente y no biológicamente, el mejor ejemplo se puede ver en su película The Raspberry Reich, una revolución sexual cargada de humor y escenas pornográficas alejadas de los cánones establecidos y con slogans políticos cargados de humor y reivindicaciones inteligentes.
La última película que ha presentado Bruce Labruce en el último festival internacional de Sitges ha sido L.A. zombie. Intentamos entrevistarlo dos días seguidos con la cancelación por su parte de la entrevista, la primera por jet lag y la segunda por resaca Lejos de sentir rencor asistimos a la presentación del proyecto a los medios donde nos aclaró todas las cuestiones que nos quedaron sobre la cinta que empezó siendo un proyecto de videoarte y acabo en una película financiada por una productora porno gay.
Como todo proyecto no narrativo le costará encontrar su espacio en el mundo del cine y será estigmatizado por ser pornográfica. En algunos momentos tengo el mismo sentimiento que con la película de más de 6 horas de Andy Warhol titulada hombre durmiendo, que pienso que no hace falta verla entera para comprender que es una obra genial. Pero me resulta más floja que sus anteriores trabajos y pese que hay una evolución respecto a pensamientos más abstractos y unos caos temporales bastantes interesantes, las metáforas me resultan más infantiles a primera vista y que ya fueron representadas de forma más acertada en su anterior film Otto.
Bruce Labruce es un personaje disperso a la hora de hablar pero con un trasfondo auténtico y que convence. Os dejo con el video que pienso que es indispensable para situar la película L.A. zombie y llegar a comprenderlo.
Garbi KW





































